sábado, 20 de agosto de 2016

Polonia, la transición y otras quimeras

transición
Del lat. transitio, –ōnis.
1.- Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto.

quimera
Del gr. Khimaira
1.- Monstruo fantástico de la mitología griega con tres cabezas que escupían fuego, cuerpo de cabra y cola de dragón.

I
La palabra “transición” debe ser el término del momento en la esfera pública venezolana. Los demócratas presionan por ella. El aparato chavista se resiste a ella. Los economistas hablan sobre ella. El pueblo aspira a ella. Sin embargo, en este punto, nadie sabe con certeza cómo llegar hasta ella. En este punto, es comprensible que muchos pongan el foco en la descripción del calamitoso estadio actual, mientras otros se aventuran a delinear las características deseables del estadio futuro cuando, en el sentido estricto, la propia definición de la palabra sugiere que el elemento central y lo realmente importante es el tránsito: cómo pasamos de una forma de ser o estar a otra distinta.
El 4 de junio de 1989, el Partido Comunista Chino ordenó aplastar brutalmente las protestas en la plaza Tiananmén. En Berlín Oriental, algún guardia de la Stasi terminaba su guardia somnolienta vigilando que nadie cruzara una pared, aunque faltaran apenas cinco largos meses para que se precipitaran los acontecimientos que terminaron en la caída del muro. También aquel día, en otro lugar del mundo, una coalición de fuerzas democráticas de oposición obtenían una categórica victoria en unas elecciones sin garantías y plagadas de trampas y abusos. Sin saberlo, en aquel momento se abrían las compuertas de la caída del comunismo en Europa Central y la antigua Unión Soviética. Ese día también se inició el primer experimento de tránsito desde una economía socialista hacia una economía de mercado.
II
“El Gobierno que asumió el poder encontró una economía al borde de la hiperinflación, con capacidades productivas minadas por la escasez y un sistema de incentivos y precios completamente distorsionado”
“El año anterior al inicio de las reformas económicas, se observó una alarmante caída en el desempeño económico, con una inflación que alcanzó 700%; una escasez que, ya siendo crónica, se intensificó a niveles nunca vistos; una crisis fiscal que llevó el déficit a niveles nunca antes experimentados; y, una triplicación del déficit de la cuenta corriente”
Al leer los párrafos anteriores, se concluye que no hay nada excepcional en el estruendoso fracaso que es la economía venezolana de 2016. Siempre, en todas partes, el mismo conjunto de políticas produjo el mismo conjunto de resultados.
El chavismo no es original ni fracasando.
Ambos párrafos con citas textuales de un diagnóstico temprano elaborado por una institución multilateral de crédito, pero el país al cual hacen referencia es Polonia. La fecha del reporte es octubre de 1989. Y hago referencia al texto porque lleva a un punto que vale la pena destacar y que ya sugerí en un artículo anterior: la economía venezolana, en su estado actual, se está pareciendo mucho más (y en más de un sentido) a las economías de la Europa Oriental durante la transición post-soviética que a los programas de estabilización y ajuste estructural que en esa misma época se dieron en Latinoamérica.
Aunque, macroeconómicamente hablando, en Venezuela confluyen todas las condiciones que condujeron a las crisis latinoamericanas de los años ochenta, desde el punto de vista de la estructura económica que deja el chavismo, el país presenta lo más típico de las economías de planificación centralizada del Pacto de Varsovia: un entramado perverso de distorsiones que han derivado en el cese parcial de los mecanismos de mercado, la derogación parcial del sistema de precios como mecanismo de información y asignación económica, junto con la obliteración (en aquel caso inexistencia) del sector privado.
III

Volviendo al cuento de Polonia, lo primero que hay que decir es que su mención no es casual. Aquella Polonia reformada por MazowieckiBielecki y Wałęsa resultó ser, por mucho, la economía más exitosa de la transición post-soviética. Si la transición es el tránsito hacia un nuevo estadio, Polonia es un buen ejemplo de cómo debe lucir el punto de llegada. Polonia logró el tránsito desde una economía centralmente planificada, controlada en todos sus ámbitos, sin libertades públicas ni individuales, hacia una economía de mercado funcional y competitiva, abierta al mundo, con una democracia vibrante.


Desde los despojos de este experimento económico fallido que es el chavismo, el caso de Polonia ejerce obvia atracción.
A diferencia de otros países de Europa Central y Oriental, Polonia no experimentó los rigores de una depresión económica en su camino hacia la estabilización. Luego del impacto inicial sobre los precios y el producto, Polonia logró derrotar en corto tiempo la escasez, inició una progresiva reducción de la tasa de inflación y emprendió una senda de crecimiento económico sostenido que no se ha interrumpido hasta nuestros días.
Durante los últimos 25 años, el PIB per cápita polaco ha hecho más que duplicarse: hoy excede los 24.000 dólares, cifra que equivale a dos terceras partes del nivel de Europa Occidental, su nivel más alto desde su “Edad de Oro” en el siglo XVI.
A lo largo del proceso, Polonia adoptó instituciones que habilitaron el desarrollo económico: el estado de derecho, un régimen de libertades públicas y privadas, una política monetaria independiente, regulación para una competencia fuerte, libertad de prensa, etcétera.
Después de 25 años de la transición polaca (y parcialmente gracias a ella), hoy se tiene más y mejor conocimiento sobre qué es lo que funciona.
IV
La experiencia polaca se convirtió en el arquetipo de lo que desde entonces se llamó terapia de shock y debe revisitarse con ojo crítico, sin que ello signifique endosar automáticamente el ritmo y la secuencia de ese programa de reformas.
Con sus aciertos y errores, para no entrar en los detalles técnicos de la etapa inicial de estabilización y ajuste, creo que la experiencia polaca ofrece lecciones que pueden ayudarnos a orientar los esfuerzos por repensar los nuevos rumbos que debe tomar la economía venezolana:
Lección 1. Sobre ritmo y secuencia de la desregulación económica y la privatización. Polonia, desde un inicio, privilegió y dio un gran impulso al traspaso de empresas de pequeña y mediana envergadura al sector privado. La idea fue poner énfasis en la reactivación de mercados competitivos en las áreas de comercio minorista, la construcción, la industria ligera y la agricultura. Así fue como Polonia logró crear, en relativamente poco tiempo, más de dos millones de empresarios que sentaron las bases del crecimiento de la producción y la creación de empleo. Por otro lado, Polonia se tomó un tiempo más largo para montar un proceso transparente y eficiente de privatización de las empresas grandes y estratégicas. La apuesta fue por maximizar el valor de los activos públicos que iban a ser vendidos y, a la vez, crear regulaciones para evitar que los cleptócratas comunistas del ancien regime se hicieran con esos activos, pues además eran ellos quienes financiaban la oposición a las reformas democráticas y los únicos con el músculo financiero suficiente. No es fortuito que en Polonia no existan oligarcas al estilo de Rusia, por ejemplo. Aquí las lecciones para nuestro país no necesitan mayor explicación.
Lección 2. Sobre el énfasis en los flujos de inversión extrajera directa. El rápido crecimiento económico experimentado por Polonia, además de su desarrollo industrial y exportador y el cierre de la brecha tecnológica y de infraestructura con Europa Occidental se debe, en gran medida, a su disposición a recibir robustos flujos de inversión extranjera directa. La apuesta estratégica y de política económica fue privilegiar inversiones de largo plazo por encima de flujos de corto plazo e inversiones financieras de cartera. Esto, visto en retrospectiva, le otorgó fortaleza a su sistema financiero y aisló a la economía polaca de las crisis internacionales de 1998 y 2008, por ejemplo. He ahí otra lección para Venezuela.
Lección 3. Sobre el rol de la integración económica. Las ambiciones de Polonia por acceder a la membresía plena de la Unión Europea, algo que lograron en 2004, otorgó incentivos para mantener políticas macroeconómicas y estructurales adecuadas. Y más importante aún: la integración fue una fuerza importante en la reconfiguración del aparato productivo local y permitió la aparición de nuevos sectores económicos que fueron la base del crecimiento económico y la creación de empleos.
Lección 4. Una diferencia sustantiva. Con todas las semejanzas que pudieran existir entre el caso venezolano y las transiciones de las economías post-comunistas, existe una diferencia que juega a nuestro favor: cuando un lee los documentos de la época, se observa el reto monumental que significaba crear una economía de mercado funcional en países donde no existían mercados, sector privado ni empresarios. La última generación de empresarios polacos, por ejemplo, probablemente ya estaba retirada o muerta después de 45 años de comunismo. A diferencia de Polonia, aún cuando los mecanismos del mercado estén parcialmente paralizados, en Venezuela existe un sector privado que ha sobrevivido a la aplanadora chavista y una generación de empresarios, dentro y fuera del país, que bajo un conjunto de reglas e incentivos claros puede ser la piedra angular de la recuperación de una economía de mercado, la producción y el empleo en la Venezuela del futuro. No hay que crear una clase empresarial, porque ésta ya existe. No somos la Polonia de 1989, pero en todos los demás sentidos quisiéramos ser la Polonia de 2016.

martes, 5 de julio de 2016

Venezuela: Una Revolución Socialista sin Progreso Social

Desde su fundación en 2012, la organización no gubernamental Social Progress Imperative, a la cabeza de la llamada Red de Progreso Social, viene dando pasos decididos en un proyecto tan ambicioso como necesario: trascender el enfoque puramente “economicista” en la forma como medimos el bienestar de la gente. Se trata de medir bienestar más allá de las medidas estándar de crecimiento económico y el PIB por habitante.

Hace pocos días se publicaron los resultados del Índice de Progreso Social (IPS) 2016 construido por los equipos técnicos del Social Progress Imperative y la Red de Progreso Social. EL IPS 2016 es un índice agregado que compila 53 indicadores sociales y ambientales para un conjunto de 161 países. EL IPS captura tres dimensiones del progreso social: las necesidades humanas básicas, las características del entorno como cimiento del bienestar, y las oportunidades para el progreso humano.

Sin entrar a explicar los detalles metodológicos, el índice se enfoca en las dimensiones no económicas de los resultados nacionales y privilegia los indicadores de resultados, por encima de la cantidad de recursos invertidos en alcanzar dichos resultados. Es decir, cuando un burócrata llama a una rueda de prensa para decir que “se invirtieron XXX millones de USD en programas sociales”, el IPS pasa enseguida a la pregunta: “¿y los resultados de esas inversiones fueron…?¨.

El marco conceptual del IPS abarca tres dimensiones: la primera es la dimensión de la satisfacción de necesidades humanas básicas, que comprende a su vez resultados esenciales en áreas de cuidados médicos básicos, nutrición, acceso al agua y saneamiento, vivienda y seguridad personal. La segunda dimensión está referida a características del entorno como fundamento del bienestar, esta agrupa indicadores de acceso al conocimiento, a la información y las comunicaciones, resultados de salud, y calidad ambiental. Por último, el índice incorpora una dimensión de oportunidades de progreso personal, que incluye un enfoque de derechos personales, libertades individuales, tolerancia e inclusión.   

Los resultados para Venezuela en las tres dimensiones del IPS no pueden sino catalogarse, siendo un tanto condescendientes, como mediocres. Más allá de la retórica apologética oficial, en la inspección del IPS en términos absolutos, Venezuela obtiene un puntaje de 62 puntos sobre 100 posibles, lo cual lo hace situarse a la cola de América Latina, superado por economías más pequeñas y modestas como República Dominicana, Bolivia y Paraguay. En términos relativos, Venezuela se sitúa por detrás, incluso, de países similares en cuanto a ingreso o abundancia de recursos naturales.

Si se compara el IPS de Venezuela con el del grupo de países de un nivel de ingreso per cápita similar, se concluye que los resultados en términos de progreso humano han sido extremadamente pobres. Venezuela muestra brechas de desempeño, señaladas en el informe como debilidades relativas, en 23 de los 53 indicadores del índice. Los resultados de Venezuela son insatisfactorios en dimensiones como la mortalidad materna, la calidad medio ambiental y el acceso a la información y comunicaciones. Venezuela muestra, además, graves brechas en todos los indicadores de seguridad personal, con cifras peores que las de algunas zonas en conflicto bélico abierto como Iraq; y, en la dimensión de libertades individuales, con peores resultados que los mostrados por algunas de las monarquías teocráticas del golfo.

Resulta importante destacar que la mayoría de los indicadores incluidos en el IPS de 2016 datan de 2014, es decir, los pobres resultados en términos de progreso social de este experimento “humanista” que se llamó la revolución del socialismo del siglo XXI eran ya evidentes en ese entonces. Además, los efectos de la peor crisis económica y social en la historia moderna de Venezuela, que hoy tiene a la sociedad venezolana sumida en una vorágine de necesidades básicas insatisfechas, recesión, inflación, escasez y caos de servicios públicos, aun no se ven reflejados en el IPS. No hay que ser profeta para avizorar cuál será el desempeño de Venezuela en el IPS de 2017 y 2018.


Los resultados que acaba de publicar el Social Progress Imperative demuestran que estamos ante el curioso caso de una revolución social, sin progreso social; un proyecto humanista, donde el ser humano no está más cerca de satisfacer sus necesidades básicas. El socialismo del siglo XXI estaba, hace ya dos años, en bancarrota. Los resultados del IPS 2016 muestran que el rey estaba desnudo, incluso antes de esta crisis.

domingo, 1 de mayo de 2016

De buenas intenciones...


Reza el viejo adagio que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, lo cual no vendría siendo un dicho tan relevante en nuestro contexto, pues ese camino, no importa del material con el cual estaba hecho, ya lo recorrimos.


Claro que es cierto que el modelo económico chavista volvió polvo cósmico el salario de los venezolanos. No existe ninguna duda que, entre otras muchas bajas, el poder adquisitivo de los trabajadores venezolanos es una de las principales víctimas de los efectos del fenómeno de El Niñoy su legado de controles, distorsiones, corrupción e inestabilidad macro extrema.



También es cierto que este cóctel mortal viene aderezado por una demencial parálisis en la conducción de las políticas producto, por partes iguales, de la lenidad e incompetencia infinita de los responsables de la conducción del estado.  El efecto previsible es esta catastrófica conjunción de salarios de miseria, por un lado, con escasez generalizada de alimentos básicos y medicinas.



La reacción natural de la gente, frente a este brutal y acelerado proceso de empobrecimiento, es dirigir su atención a la insuficiencia de sus ingresos, o la llamada lucha por la “defensa del salario”. Y es comprensible, esperable, natural, y en cierta forma, racional, que la sociedad se organice en torno a la defensa de los ingresos, pues la insuficiencia de los ingresos es muy real: no se puede culpar a un trabajador, cuya familia coquetea con el hambre, por presionar en este sentido. Al fin y al cabo, la gente –incluyendo los políticos-, actúa resolviendo un problema de equilibrio parcial, en un mundo donde los resultados del equilibrio general no son observables o accesibles para todos.

En nuestro caso, es un tema que forma parte de la discusión diaria. El reciente aumento del salario mínimo decretado por Maduro; o la reciente aprobación de la convención colectiva unitaria de los trabajadores de la educación; o del lado de la oposición, la aprobación de Ley del Bono de Alimentación y Medicamentos para Jubilados y Pensionados por parte de la Asamblea Nacional, así lo ratifican.


Y ojo, no quisiera que se mal interpreten mis palabras, pues el drama humano detrás de la caída del ingreso de los venezolanos es real, palpable y está teniendo graves consecuencias y costos humanos. La lucha por recuperar el poder adquisitivo es más que legítima, es imperativa e impostergable.



Pero la pregunta que es relevante para evaluar en su justa dimensión el actual contexto, no es si los ingresos son insuficientes o no, sino si cualquier aumento de ingresos nominales favorece inequívocamente a los trabajadores a quienes se quiere beneficiar. La pregunta más general es: ¿cuál es el efecto sobre el bienestar de un aumento del ingreso en un contexto como el venezolano? 

Responder esta pregunta es importante. Al fin y al cabo, la economía está llena de políticas con consecuencias no previstas, y no es raro encontrase con decisiones que logran lo contrario a lo que se pretendía. Es precisamente el tipo de cosas que los economistas tenemos la ingrata responsabilidad de advertir. 


Comencemos por definir "el actual contexto". En la extensa literatura que se produjo en los 90s sobre el ajuste y transición de las economías socialistas hacia economías de mercado, la economía venezolana encajaría perfectamente en lo que se llamó una economía con "exceso de demanda", caracterizada por enorme o total restricción de la oferta de productos, escasez generalizada de bienes, y colas, muchas colas. Venezuela, donde el aparato productivo está de rodillas, en medio de un ajuste draconiano de importaciones, es en más de un sentido igual a Polonia, Hungría o Estonia en 1990.


Entonces, de vuelta a la pregunta original, ¿Es innegablemente positivo el efecto sobre el bienestar de un aumento de ingresos en una economía de escasez con exceso de demanda?. La respuesta corta es no, no necesariamente. 


No he encontrado una forma mejor de ilustrar este punto que el sencillo modelo que presentan Sachs y Lipton (1990), en un libro que le recomiendo revisar a cualquiera que esté pensando en los retos que le vienen a Venezuela en una eventual transición. Jeff Sachs y David Lipton, eran para la época asesores económicos del Movimiento Solidaridad, en el que terminaría siendo el caso más exitoso de transición de una economía socialista a una economía de mercado

Como no es la intención entrar en tecnicismos, baste con decir que uno puede suponer que el bienestar de la gente depende, principalmente, solo de dos cosas: la cantidad de lo que consume y la cantidad de tiempo libre que puede disfrutar. Es decir, la gente recibe utilidad de lo que consume y de la cantidad de tiempo que pasa con su familia, entreteniéndose o descansando. 

El primer problema es que en una economía de escasez, el tiempo libre es lo que le queda a la gente luego de hacer largas y numerosas colas. Añádase que, por otro lado, el tamaño de la cola depende de la gravedad del exceso de demanda, es decir, del desequilibrio entre lo que la gente está dispuesta a gastar y la mermada oferta de bienes. Si tuviéramos que escribir estas relaciones sería algo así como:

Bienestar = Consumo + Tiempo Libre 

Tiempo Libre = Tiempo no trabajado - Horas en Colas

Horas en Colas = f (Exceso de Demanda)

Exceso de Demanda = Ingreso Real - Oferta Total 

Como lo que caracteriza a esta economía de escasez que es Venezuela, es que la oferta de bienes de consumo está completamente restringida (no reacciona frente a la demanda), es fácil demostrar que llegado un punto, cualquier aumento de ingreso real se traducirá necesariamente en un aumento del exceso de demanda, pues no hay ni habrá bienes adicionales que se puedan consumir. Luego, también necesariamente, un aumento del ingreso real se traduce solo en un aumento del tamaño de las colas, sin efectos sobre el nivel de consumo, por lo que reduce el bienestar de la gente.


Gráficamente, es fácil de ver. En el gráfico de Sachs y Lipton, es altamente probable que la Venezuela de hoy en día se encuentre a la derecha del punto S, donde un aumento del ingreso real (y es fácil verlo para el conjunto de bienes con precios controlados), en vez de aumentar el bienestar de la gente, lo reduce.


Vaya entonces esta advertencia, dirigida a políticos del gobierno y de la oposición por igual: Puede que aumentar el ingreso sea un acto de justicia, puede que sea popular, pero en el actual contexto a veces no bastan las buenas intenciones.

jueves, 3 de marzo de 2016

La Asamblea Nacional y la agenda económica de mediano plazo (y 3/3)

Para terminar esta serie de posts, voy a mencionar un factor que, sin estar directamente relacionado a aspectos de política económica, me parece que tiene una importancia capital para la Asamblea Nacional, dado el tipo de retos que le tocará enfrentar.

Venezuela atraviesa una crisis económica de inmensas proporciones, con profundos y perversos efectos sociales de desabastecimiento, inflación y calidad de los servicios públicos. La nueva Asamblea Nacional, he argumentado, recibió un mandato múltiple para generar respuestas a la grave crisis política, económica, y social. Personalmente he opinado que existen claras limitaciones para implementar cambios de política económica desde un poder distinto al ejecutivo. Aún así, soy de los que piensan que el Parlamento enfrenta la necesidad inmediata de fortalecerse institucionalmente para erigirse como una voz creíble, autónoma y calificada sobre temas económicos y sectoriales. 

En una frase: La Asamblea Nacional debe reabrir una Oficina de Asesoría Económica y Presupuestaria de alto nivel. 

En general, dada la creciente complejidad de las políticas económicas, sectoriales, de servicios públicos, y de los procesos fiscales/presupuestarios, desde los 90s, la creación de agencias de asesoría técnica fue la vía favorita de reforma para fortalecer las capacidades de los Parlamentos. Este tipo de órganos, donde han funcionado, han sido un factor fundamental en la reducción de las asimetrías de información entre los poderes Ejecutivo y el Legislativo.

Venezuela tiene su propio antecedente cuando en el año 1997 se creó, con apoyo técnico y financiero del Banco Interamericano de Desarrollo, la Unidad de Análisis Macroeconómico dependiente del extinto Congreso Nacional, posteriormente llamada Oficina de Asesoría Económica y Financiera de la Asamblea Nacional (OAEF), que logró concentrar un grupo de técnicos altamente calificados con capacidad para evaluar imparcialmente las iniciativas de política económica, presupuestaria y sectorial del Poder Ejecutivo. Mientras duró, la Oficina de Asesoría Económica y Financiera de la Asamblea Nacional logró posicionarse como una institución reconocida y respetada por los representantes de la Asamblea Nacional y por la opinión pública en general. Por razones que no vienen al caso, en los últimos meses de 2003, la OAEF fue disuelta por las autoridades chavistas de la Asamblea Nacional.

La creación de un ente como el propuesto, permitiría a la AN reducir las asimetrías de información y de capacidades con el resto de los poderes públicos; le otorgaría a la AN capacidad de sistematizar, procesar y difundir la información relativa a las políticas del Ejecutivo; proveería apoyo técnico de calidad a todos los parlamentarios y a las comisiones permanentes de la AN, sobre temas económicos relacionados al trabajo legislativo, y; otorgaría a la AN una voz calificada sobre temas de políticas públicas, gestión del presupuesto, coyuntura económica, política sectorial, servicios públicos, etc. Todo ello fortalecería el rol del Parlamento antes, durante y después de una hipotética transición.

En el contexto crítico actual, la nueva Asamblea Nacional debe servir como un muro de contención del "modelo socialista", en lo conceptual, político y programático. La AN puede y debe mostrarle a la sociedad que hay una forma alternativa de manejar la economía, distinta al mortal coctel de controles, restricciones y corrupción actual, lejos de la deriva populista.

Reabrir una oficina de asesoría económica de alto nivel sería un paso gigante en esa dirección.

lunes, 29 de febrero de 2016

La Asamblea Nacional y la agenda económica de mediano plazo (2/3)

Estos días en que la nueva Asamblea Nacional discute un proyecto de reforma de ese bodrio en que se ha convertido la Ley del Banco Central de Venezuela, me hicieron recordar que la motivación original de este blog, cuando lo empecé hace poco más de 2 años, fue la denunciar que, entre otros despropósitos, la conducción chavista de la economía había producido la completa demolición de la institucionalidad mínima del equilibrio monetario en Venezuela.

Nadie debe olvidar que el brote hiperinflacionario que hoy subyuga a los venezolanos tuvo su origen en las decisiones tomadas por el chavismo en dos fechas: 20 de julio de 2005 y 9 de noviembre 2009. Fechas memorables por las peores razones, a las cuales debemos agregar la fecha cuando el chavismo remató la faena: 31 de diciembre del 2015. Lo que ha experimentado Venezuela no es menos que el proceso progresivo de desintegración de la institucionalidad monetaria. Proceso mediante el cual el ejecutivo chavista expropió al BCV todas sus competencias, sus instrumentos y su independencia, convirtiendo al Instituto en poco más que solo un edificio lleno de gente en la Av. Urdaneta de Caracas.

Para no llover sobre mojado solo recuerde el lector que en cualquier parte del mundo, la capacidad real de un Banco Central para cumplir su mandato legal, que no debe ser otro que la preservación del valor de la moneda local, depende crucialmente de tres factores:  el poder para centralizar las Reservas Internacionales; la prohibición de financiar ejercicios fiscales deficitarios, y; la no subordinación de sus decisiones al  Poder Ejecutivo. Sobra decir que los tres factores son inexistentes en Venezuela de 2016.

Qué hacer entonces con la reforma del Banco Central que se discute actualmente en el seno de la nueva Asamblea Nacional. En mi humilde opinión, debe aprovecharse el momento para crear las condiciones para que en el mediano plazo, el Banco Central de Venezuela sea empoderado de nuevo con instrumentos, capacidades y un mandato claro para cumplir su rol: garantizar la estabilidad de precios.


Opino que la discusión, al menos la que he escuchado hasta ahora luego de la primera discusión del proyecto y las consultas públicas realizadas por la Comisión de Finanzas, va en la dirección correcta. Hasta ahora se ha hablado de:  (i) Reforzar la maltrecha independencia mediante la rehabilitación del rol del Parlamento en el nombramiento y remoción de las autoridades del Banco Central; (ii) forzar al Banco Central a regresar a un régimen periódico y transparente de publicación de cifras económicas, y; (iii) restringir o prohibir la capacidad del Banco Central para financiar monetariamente el déficit fiscal.


En mi humilde opinión, además de las medidas descritas, el Parlamento debe sentar las bases para que en el mediano plazo, el BCV pueda implementar un esquema de política monetaria que le sirva a una economía como la venezolana, lo proteja mejor de los choques que recibe y logre la tan anhelada y esquiva estabilidad de precios. No es el tema de este post, pero adelanto que desde mi perspectiva, la Venezuela de la transición deberá empezar a recorrer el camino hacia un régimen de tipo de cambio flexible bajo un esquema de objetivos directos de inflación. En todo caso, es tema sujeto a debate, pero sea cual sea el esquema final adoptado creo que se necesitará una reforma profunda de contenidos y hasta de tono de la Ley del Banco Central (o una nueva). Con lo anterior en mente, me parece que el Parlamento pudiera comenzar por:



  1. Eliminar del articulado que tiene que ver con las funciones, roles y características del Banco Central de Venezuela, cualquier mención al desarrollo nacional armónico, al crecimiento económico, al nivel de empleo, al régimen socioeconómico, al compromiso/responsabilidad social, a la participación ciudadana, a la integración latinoamericana, y demás paja retórica que ha servido de coartada legal a la criminal forma de proceder del pasado reciente. De manera inequívoca y categórica: la única función legal del BCV debe ser la de preservar la estabilidad monetaria y el funcionamiento del sistema de pagos. Punto.
  2. Eliminar del articulado toda mención a ese invento endógeno chavista llamado "Nivel Adecuado de Reservas Internacionales", que es nada más y nada menos, el responsable de la desequilibrio monetario extremo -y su correlato inflacionario- que hoy observamos. Debe eliminarse también el concepto de "Reservas Excedentarias", que es un engendro conceptual derivado del anterior.
  3. Eliminar del articulado toda mención al concepto de "Utilidades Cambiarias", que era la innovación favorita del chavismo para obtener algo de recursos por emisión inorgánica antes de que perdieran todo pudor en 2005. 
  4. Eliminar la posibilidad de financiar directamente, y sin límite de plazo, a empresas e institutos públicos. Eliminar la posibilidad de adquisición masiva de instrumentos de crédito en colocación primaria por parte de entes públicos. Esta disposición, en mi opinión, necesita analizarse con detenimiento. Un comentario sobre esto más abajo. 
  5. Endurecer los criterios para la selección de los Directores y el Presidente del Banco como piedra fundacional de la credibilidad del futuro Banco Central. Con respecto a esto, la ley debe procurar estándares internacionales, reforzando el rol de las capacidades técnicas, la trayectoria y la independencia, en la futura conducción del Banco.
  6. Reforzar el regreso a los manuales estándares de la contabilidad monetaria. Basta con ver el balance del BCV o las cuentas de usos y fuentes de la base monetaria, para observar que la contabilidad del Banco es hoy en día un ejercicio de ficción, con números que se mantienen en azul gracias al efecto mágico de activos tan creativos como inexistentes.
Una nota final sobre el tema de la eliminación del financiamiento monetario del déficit fiscal. Este es un tema escabroso que requiere cuidadoso análisis. Por un lado, no hay duda alguna de que el pagaré PDVSA es, por mucho, la mayor fuente de inestabilidad monetaria del sistema y, probablemente, el mayor responsable del brote inflacionario que observamos. Sin embargo, por otro lado, debe tenerse en cuenta que hay razones teóricas para pensar que, en ausencia de fuentes legítimas de financiamiento del déficit fiscal, una posición monetaria demasiado inflexible hoy, podría derivar en más inflación e inestabilidad mañana. 

Este es un tema técnico que es difícil comunicar y divulgar, pero baste con decir que incluso en un escenario óptimo -que no existe en Venezuela-, con un ejecutivo dispuesto a hacer los ajustes necesarios, dispuesto a hacer un ajuste fiscal creíble con apoyo financiero de multilaterales, con un programa de reformas profundas a cargo de un equipo competente, incluso en esas condiciones -repito, inexistentes en Venezuela-, convendría un análisis serio y sin pasiones sobre la secuencia óptima de eliminación del financiamiento monetario del déficit. Puede que lo más drástico no sea lo óptimo desde el punto de vista económico y social. 

No lo digo yo, a eso se le llama la desagradable aritmética monetarista de Thomas Sargent.