domingo, 17 de noviembre de 2013

83 años no es nada

Tengo tendencia a creer en una noción más bien minimalista del tema de las instituciones económicas. Algunos casos recientes parecen demostrar que tal vez no sea cuestión de definir Instituciones con mayúsculas, sino más bien ponernos de acuerdo en un conjunto de arreglos mínimos indispensables, trabajar en acuerdos sobre el sustrato básico donde se construya el resto del andamiaje institucional. A veces lo mínimo, parece suficiente para garantizar cierto orden.

Pensando en esto, me puse a recordar a mi primer jefe, un economista llanero más resabiado que sabio, pero de una probada bonhomía. Dicharachero como era, al tipo le gustaba decir que si Venezuela pudiera gobernar, aunque sea medianamente bien, un solo minúsculo pedacito de territorio, esos 3000 metros cuadrados que agrupan los dos edificios altos que quedan en la Esquina de Carmelitas en Caracas (Finanzas y BCV), lo demás podríamos tener al menos posibilidad de resolverlo. A su manera, el llanero también tenía una aproximación minimalista al problema de las reformas necesarias. La reflexión me parece pertinente, dado que en materia de política económica –y en todo lo demás, quién lo duda- hoy en día son tantas cosas que van tan mal, que definir algún criterio para priorizar nos cae bien.

Lo obvio: Venezuela es un petro-estado, lo ha sido por casi un siglo, y lo es en más de un sentido. El petróleo es la impronta que nos define como nación. No es raro entonces que los retos macroeconómicos que enfrenta Venezuela, que son muchos y muy complejos, tengan algo en común: están todos –en mayor o menor medida- vinculados a su condición de país petrolero. Ese es el tema fundamental. El origen de todo.




Los retos de política económica de un país petrolero son el tema de este blog y hoy es el Día del Economista Venezolano, una buena ocasión para empezar por el principio: El debate que nos ocupa, que es el de la conflictiva relación de la economía venezolana con su petróleo, es un tema recurrente entre nosotros desde antes de que Venezuela entrara a la modernidad del s. XX con la muerte de un Dictador. La quintaescencia de la discusión económica venezolana, justo hoy que atravesamos una nueva gran crisis, comienza casi en paralelo con nuestro nacimiento como nación petrolera.

Alberto Adriani fue el primer economista profesional –en el sentido moderno del término- de la historia de Venezuela. Solo diez años después de la explosión del Barroso II, publicó un trascendental ensayo titulado “La crisis, los cambios y nosotros” (1931). Este ensayo inaugura, sin saberlo, un largo debate que dura hasta nuestros días y que está aún por ser zanjado. En este ensayo -y en trabajos posteriores-, Adriani resulta en extremo lúcido y profético. Pionero además en la introducción del término Política Económica, Adriani logra un compendio exhaustivo de los retos y dilemas del manejo de una economía petrolera: Desde los problemas de la volatilidad externa, los riesgos de inflación y el tipo de instituciones monetarias y fiscales óptimas para nuestra economía. Adriani nos habla de los riesgos de la dependencia excesiva del recurso, de la necesidad de diversificación económica, y del manejo del tipo de cambio en relación con el desarrollo productivo del país. Todo está allí y la lista sigue intacta.

Adriani, hombre de su época, se educó leyendo a los economistas clásicos y a Marx; en Europa aprendió economía neoclásica y los fundamentos de la revolución marginalista; fue además contemporáneo en Londres de la revolución Keynesiana. Bebiendo de variadas tradiciones, Adriani perteneció a una raza de economistas que, sin llegar a la sofisticación modelística y matemática de la economía contemporánea, escribió con gran rigurosidad y claridad. Me atrevo a decir que nunca le interesó “afiliarse” a ninguna de las escuelas económicas de su tiempo, pues su principal objeto de estudio, su verdadera obsesión, era Venezuela. Adriani era fundamentalmente un economista venezolano, el primero de ellos.

Hace poco se cumplieron 115 años del nacimiento de Adriani y 83 años de la publicación de su ensayo seminal sobre política económica venezolana. Valga la referencia al pensamiento del primer economista moderno de Venezuela, un merideño que murió demasiado joven, para recordar que ocho décadas después seguimos dando vueltas en círculos. La desesperada situación económica que estamos experimentando demuestra, además, que lejos nos encontramos de alcanzar consensos básicos sobre los dilemas que Adriani ya describía en 1931.

En estos días cuando el torbellino económico todo lo arrastra, pareciera que la difícil coyuntura copa todo el espacio. En momentos como el actual bien nos viene detenernos a pensar en lo fundamental, evitar que la coyuntura nuble la reflexión. Al igual que Adriani, nos toca vivir tiempos convulsionados y de transición. Cómo economistas tenemos una responsabilidad con nuestro tiempo, con el interés público y el bienestar de la sociedad. Quizás nos toca una parte difícil del debate, la de definir rumbos muchas veces ininteligibles para la mayoría. Para ello los economistas debemos tener los fundamentos de nuestra disciplina muy claros, para así poder hacer juicios informados, rigurosos y basados en evidencia. Debemos alejarnos de parroquialismos y saber reconocer estándares mínimos, para transmitir al público cómo luce una política económica acertada. Un buen comienzo es tener claro lo qué han hecho otras sociedades, entre ellos algunos vecinos, en materia de política económica para crear un ambiente de estabilidad económica, bienestar social y progreso.

Es nuestro deber poder hacer un alto y generar un verdadero debate sobre las alternativas económicas al status quo. Este molino, éste que nos tiene en estado tan calamitoso, ha sido alimentado desde su inicio con demasiada acción sin la necesaria reflexión, y de la acción sin reflexión –el voluntarismo- hemos tenido ya demasiado por estos predios. Sirvan entonces estas breves líneas como un pequeño tributo personal, hoy Día del Economista Venezolano, al primer economista venezolano.

4 comentarios:

  1. Excelente post, Omar. Feliz día a los incomprendidos con un amor mal correspondido... es decir, a los economistas venezolanos.

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  2. Está chévere como preámbulo, pero no dejo de notar que los tres posts que has puesto hasta ahora terminan con declaraciones programáticas más o menos parecidas... "Es nuestro deber poder hacer un alto y generar un verdadero debate sobre las alternativas económicas al status quo."

    Creo que la necesidad de hacerlo está más que clara. Pero en algún momento tendrás que saltar de las declaraciones programáticas al meollo del asunto. En qué consisten específicamente las instituciones básicas que tienes en mente? Queremos que abras ESE debate...

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    1. La intención es llegar allí, para generar debate sobre opciones de política concreta. Dadas mis propias limitaciones de tiempo, la verdad es que escribo a un ritmo mucho más lento de lo que quisiera. Estoy además aprendiendo sobre la marcha. Sirvan estos primeros posts como una laaarga introducción.

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