martes, 12 de noviembre de 2013

Sobre dime con quién andas y otras ficciones

El País X es una economía altamente dependiente de los recursos naturales, en particular de los hidrocarburos. En el país X, más del 85% de las exportaciones y más de la mitad de los ingresos fiscales provienen de la explotación de los recursos naturales. En el País X, el Estado se reserva, a través de un monopolio estatal y diversas empresas públicas, la primacía en la explotación de estos recursos. Durante los últimos años, el País X se ha beneficiado grandemente de las condiciones externas, en particular de los altos precios de las materias primas que exporta. En definitiva, el País X es un país económicamente muy similar a Venezuela. Son igualitos.

Formidable, no menos que espectacular! Le escuché decir a un alto ejecutivo del FMI al referirse al desempeño macroeconómico del País X. Fin de las similitudes. Ni tan igualitos. 

A lo que el hombre del Fondo se refería con entusiasmo es que el País X, desde el inicio del boom de precios de las materias primas en 2004, logró mantener, año tras año, altas tasas de crecimiento económico -muy por encima de los promedios de su región-, y simultáneamente exhibió significativos superávits externos y cuentas fiscales en azul profundo.



Y por si fuera poco, el País X lo logró en un ambiente de baja inflación (menor al 5% anual) y gran estabilidad en su sistema financiero. Hoy en día, el País X tiene acumulado 20% de su PIB en ahorros fiscales, tiene las reservas internacionales más altas del mundo como proporción de su economía, y su deuda externa se ubica en mínimos históricos. Para más señas, el País X, fue una de las pocas economías que mostró robusto crecimiento económico durante la pasada crisis financiera internacional y, según los analistas, estará este año en el top del crecimiento económico de su región. No queda ni feo aquí decir que en el País X no hay restricciones para comprar divisas, no hay devaluación, no hay escasez, no hay guerra económica, ni burguesías parasitarias tratando de demoler el legado de un Gigante.

El cuento del País X siempre me viene bien, entre otras cosas, porque me cansa un poco que en el sempiterno debate entre los economistas sobre cuáles son las opciones de política económica para una economía petrolera como la venezolana, siempre sale alguien a mentar el caso de Noruega. O, peor, sale alguien más atrás a mentar el caso de Chile, Colombia o Perú, los sospechosos habituales de la buena conducta económica regional. Los chicos de la portada. Pues no, el País X es Bolivia. Si, B-O-L-I-V-I-A, nuestro más cercano aliado político regional, con indudables credenciales progresistas, juradamente enemiga del capitalismo transnacional salvaje; Bolivia, la que emergió de las cenizas de “la larga noche neoliberal”, gracias a un gobierno indígena e indigenista, defensor verdísimo de la Pacha Mama, y mimado de las izquierdas globales. Bolivia, con su recién estrenada estatua de 3m del Gigante Eterno. Bolivia.

Pero para ser honestos, también emergen similitudes con Venezuela en otras esferas. En Bolivia, de la mano de un Ejecutivo que disfrutó -disfruta- de amplia popularidad -y mayores poderes-, se refundó el país a través de una Constituyente, se cambiaron las instituciones, se aprobó la reelección y se cambió hasta el nombre del país. Desde entonces, la coalición gobernante controla, con amplias mayorías, todos los poderes del Estado y la mayoría de los cargos de elección popular. La agenda de medidas económicas de los últimos años incluyó, con una retórica ferozmente antimperialista, un agresivo programa de nacionalizaciones de los activos de la industria petrolera, privatizada por las reformas liberales de los gobiernos precedentes.

Entonces ¿qué es lo distinto en Bolivia? y entramos de lleno al punto central de estas líneas. Yo creo que lo evidente es que Bolivia nunca se atrevió a tocar o tan siquiera pretender dislocar –al menos en sus fundamentos- la institucionalidad económica heredada de los años anteriores. Me refiero en particular a un marco que les pone límites efectivos a los ejercicios fiscales deficitarios, junto con una autoridad monetaria independiente y con un mandato claro. Y sobra decir que -a las pruebas me remito- dicha institucionalidad resultó proclive a la estabilidad macroeconómica.

No soy psicólogo social, y mucho menos experto en el caso boliviano. Pero lo que parece evidente es que la memoria colectiva, con el recuerdo de la inestabilidad y las extremas penurias de la hiperinflación de los 80s grabada a fuego, forjó un consenso social alrededor de la idea de la prudencia en el manejo económico de la nación. Este consenso, que le otorga un valor a la estabilidad económica como bien social, demostró ser duradero y resistente. Más fuerte que cualquier tentación o devaneo de un Gobierno de izquierda tradicional, a quién nadie puede acusar de venderse al enemigo. El manejo económico, resultó ser más o menos independiente de las formas relativamente radicales que tomo el discurso político.

En este punto vale la pena detenerse, pues el contexto es relevante para nuestra situación actual. Lo evidente es que Venezuela atraviesa una crisis de grandes magnitudes, una tormenta perfecta desde el punto de vista económico. La coyuntura es desoladora, y hemos entrado en un espiral que nadie sabe, ni cómo se va a detener, ni a donde va a parar. Cuándo se escriba el diagnóstico sobre qué nos pasó, habrá que decir que el problema -al menos gran parte de el- fue que en los últimos años antes de la tormenta, la institucionalidad económica existente -que dicho sea de paso, no era particularmente sólida, viable o efectiva- fue derogada y sustituida por una discrecionalidad ilimitada -e irresponsable-. Las instituciones económicas, entendidas como el entramado de reglas formales e informales para conducir la política económica, simplemente dejaron de existir.

Y aquí lo no tan evidente. Quizá resulte difícil detenerse por un momento a ver más allá de la coyuntura, pero que Venezuela necesitará dotarse de nuevas instituciones económicas, es ya incontrovertible, además de inevitable. Ese recambio vendrá, al igual que el caso boliviano de los 80s, después de la tormenta. Tal vez ha llegado el momento que se debata abiertamente el tipo de instituciones económicas que queremos para Venezuela y qué tipo de manejo económico le daremos al país en esa nueva etapa. En términos concretos: ¿Cuáles son nuestras opciones de política económica? ¿Cómo se nos pre-figura la transición? ¿Con qué arquitectura institucional queremos dotar a Venezuela llegado el día? Porque ese día llegará, y lo que Bolivia demuestra, es que hay que construir consensos alrededor de lo mínimo indispensable, y lo mínimo a veces es suficiente para obtener buenos resultados. 


8 comentarios:

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  2. Excelente articulo. Mas alla de los comentarios que haces, las condiciones iniciales no eran iguales. Venezuela tenia una ventaja sobre el pais X tremenda. Muchisima mas insfrastructura, una industria mucho mas establecidad e ingresos desde el dia 1 superiores. Es increible lo que hacen las instituciones.

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    1. Buen punto, que agrega dramatismo al punto del post. Cómo un país mucho más pobre y menos desarrollado mantuvo equlibrios mínimos

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  3. last week: http://www.emol.com/noticias/internacional/2013/11/05/628289/evo-morales-asegura-que-algunos-gobiernos-piden-prestamos-a-bolivia.html

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  4. The point is taken, but there is much poetic licence in Country's X description. See below:

    From the 2103 Index of Economic Freedom
    BOLIVIA
    Bolivia’s economic freedom score is 47.9, making its economy the 156th freest in the 2013 Index. Its overall score is 2.3 points worse than last year, reflecting a significant erosion of investment freedom, labor freedom, and monetary freedom. Bolivia is ranked 25th out of 29 countries in the South and Central America/Caribbean region, and its overall score is far below the world and regional averages.
    Bolivians continue to suffer in a climate of economic repression. High commodity prices have contributed to recent strong economic growth, but long-term economic development remains constrained by institutional shortcomings. Severely hampered by state interference, the formal economy is increasingly stagnant, and informal economic activity is expanding. Stringent rules on foreign ownership and profit repatriation continue to suppress engagement with the global economy.
    With rampant corruption and deficiencies in the legal framework, the rule of law remains fragile and uneven across the Bolivian economy. Contracts and property rights are not well respected, and the threat of government expropriation remains high, constraining private-sector growth.


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    1. Supongo que que lo descrito también pertenece a la esfera de las similitudes. Saludos

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    2. Hay que diferenciar entre niveles y tasas de crecimiento. La estabilidad macro es sin duda un factor que ha impactado positivamente el crecimiento económico. Esto a pesar del bajo índice de libertad económica que está más relacionado con el (bajo) nivel de ingreso. Es decir, las características de la economía resumidas en este índice determinan el grado de eficiencia en la asignación de recursos y, por ende, la productividad y el ingreso total de la economía. Dadas esas características, que en el caso de Bolivia la hacen una economía con baja productividad y poco desarrollada, un contexto de estabilidad macroeconómica con un sector importante de materias primas en fuerte expansión (por el aumento de sus precios) es razonable que venga acompañado de un alto crecimiento económico.
      Lo que ha pasado en Venezuela es que no solo no hay estabilidad macroeconómica sino que además ha habido un deterioro sostenido y acelerado de muchos factores que determinan el nivel de "libertad económica" (grado de protección de los derechos de propiedad, regulaciones laborales, corrupción, grado de competencia, etc.) , entre otras muchas cosas que también afectan la asignación de recursos y la productividad. Como resultado, la economía venezolana no muestra las tasas de crecimiento que debería tener dado la magnitud del shock petrolero. Sin embargo, no está claro si el problema de fondo es la estabilidad económica per se o el deterioro de factores estructurales mencionados anteriormente. Es posible que la inestabilidad macro sea consecuencia del deterioro estructural de la economía.

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  5. Y para conseguir un país X que esté mejor en el GCI que Bolivia no hay ni que irse tanto al Sur: http://www.elcomercio.com/juan_e-_guarderas/equivocamos_0_1030097027.html / ¡buen post! Y aplica para tantas otras variables, sobre todo en tecnología...

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