viernes, 6 de diciembre de 2013

La Guerra Económica: Anatomía del último ataque


La verdad sea dicha: El tema resulta árido. Por más que uno lo intente, es extremadamente difícil traducir en palabras el sentido de urgencia que produce el tremendo desbarajuste monetario que se está creando en Venezuela. Una política fiscal irresponsable, convalidada obsecuentemente por un Banco Central aun más irresponsable, suena a veces como un tema demasiado abstracto, demasiado lejano. Pero no lo es, y voy a mostrar un buen ejemplo.

Lo cierto es que el grado de desequilibrio monetario observado en las últimas semanas es un despropósito de magnitudes épicas que tendrá, que duda cabe, graves consecuencias económicas y sociales. Lo cierto es que, en esta guerra económica, las bajas provendrán de las filas de los que no tienen como protegerse del huracán inflacionario. Las bajas provendrán de los que menos tienen.




No hay que ser econometrista
Escudriñando las cifras que -por ahora- todavía hace públicas el BCV, uno encuentra algunas evidencias que permiten hacer un mapa de lo que está pasando. Observe por un momento el gráfico de al lado: La línea roja es el saldo del pagaré de PDVSA con el BCV que reporté en mi anterior entrada, mientras que la línea verde es el saldo de la cuenta que la Tesorería Nacional mantiene en el BCV. El lector no experto lo único que debe saber es que el gobierno tiene su cuenta en el BCV y cuando el gobierno gasta, esa línea verde tiende a caer, y cuando esa cuenta cae, los agregados monetarios se expanden, alimentando la inflación.

Pues bien, a simple vista se ve lo evidente. No hay que ser experto en econometría, ni tan siquiera saber el concepto de correlación simple, para inferir que el grado de simultaneidad con la que ese par de líneas se mueven en los últimos meses solo puede significar una cosa: PDVSA está pagando su contribución fiscal con el dinero -inorgánico- que le presta el BCV, es decir, la sospecha de que el BCV está incurriendo en una flagrante violación constitucional, se confirma.

Mi punto es que, aunque no lo parezca, la política de financiamiento monetario del déficit fiscal tiene efectos mucho más cercanos a la gente común de lo que se piensa. Empecemos la secuencia por el principio: El BCV autoriza un nuevo incremento del pagaré de PDVSA -> El BCV en el mismo acto se descuenta la contribución fiscal que PDVSA tiene que hacerle al gobierno, y se lo deposita en la Cuenta de Tesorería Nacional -> El Gobierno gasta al pagar sus compromisos de sueldos, contratistas y proveedores. Nótese que durante las últimas semanas, me imagino que por la proximidad de un nuevo evento electoral, esa línea verde que mencioné cayó –el gobierno gastó- aceleradamente. 

más excedentes que nunca
Lo que sigue luego es el resto del entramado monetario que no resulta tan evidente para el ojo no entrenado. El dinero recorre el torrente circulatorio de la economía, su recorrido típico por la anatomía de una expansión monetaria: el gobierno gasta, los agentes económicos toman esos pagos y los depositan en el banco de su preferencia, luego el sistema financiero se llena de depósitos.

Lo grave del momento es que, en medio de una economía semiparalizada, con importaciones reales cayendo aceleradamente y sin proyectos productivos que financiar, al sistema financiero le cuesta una enormidad colocar la nueva ola de depósitos, por lo cual empieza a acumular recursos ociosos por encima de lo debido y lo prudente, lo que en la jerga se llama reservas bancarias excedentes. Estas últimas, en las últimas semanas, alcanzaron un nuevo record histórico, y repito, en el contexto actual esas reservas excedentes se vuelven más excedentes que nunca.

Y es aquí donde la cosa se vuelve más terrenal. Los bancos, en un intento desesperado por deshacerse del montón de dinero que el BCV les atiborró a la fuerza, luego de su gigantesca emisión inorgánica, se ponen creativos y, por ejemplo, se les ocurre repentinamente triplicar los límites de las tarjetas de crédito sin que nadie se lo solicite (un link de Aporrea, sweet!).

Y es así como, en medio de la vorágine del CaDakazo, Clotilde Palomino ni siquiera tuvo que pagar cash por los productos que adquirió, porque probablemente el Banco Bicentenario le había triplicado el límite de su tarjeta de crédito

Se cierra así el infernal espiral monetario -inflacionario- donde estamos metidos. Donde la mayoría vio la medida de ampliación del límite de las tarjetas como un estímulo al consumismo desmedido, en realidad fue solo un intento desesperado -quizá uno de los últimos- por sostener la demanda de dinero. Clotilde conoce el BCV. Aunque el rumbo sea suicida, seguimos adelante, dicen en Carmelitas.

3 comentarios:

  1. Yo creo que para que cualquier cosa de magnitudes épicas se materialice primero tiene que estar comprometida la solvencia del PDVSA. Cosa que veo difícil. Lo que si me parece, es que de seguir con el incesto BCV-TESORERÍA-PDVSA tendremos que acostumbrarnos a una inflación de 60% anual.

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  2. Sergio,
    La verdad, si esta política nos lleva o no a un desenlace trágico, dependerá enteramente del comportamiento de la demanda de dinero. Creo que la trayectoria es altamente no lineal, así que a prior encuentro difícil dar una solución deterministica como la que mencionas. Abrazo

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  3. De Aporrea,

    "“Mi límite era de 7 mil bolívares, pero de un día para otro, y justo un día después de los primeros anuncios económicos del presidente Nicolás Maduro, me lo subieron a 25 mil bolívares. Aún no lo he gastado, no hay dónde comprar sin hacer cola”...

    A mi todavía nadie me ha explicado bien la interacción escasez-inflación. Citas como esta siempre me sugieren que al no tener que comprar la tendencia tiene que ser a desacelerar la velocidad del dinero, pq no hay en q diablos gastarlo...pero como ni Omar ni Sergio ni Reinier se dignan a entrarle al tema...

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