domingo, 31 de agosto de 2014

El ajuste que no será (Parte2)


¿Por qué esa manía de los tecnócratas por armar anuncios de carácter comprehensivo, bien detallados y con caras nuevas a la hora de lanzar un programa de ajuste? ¿Es acaso mera ortodoxia neoliberal? La respuesta a esta pregunta se escribe con C de Credibilidad. Y es que la credibilidad es un elemento indispensable en el escenario de un ajuste, sino lo cree, asómese a la experiencia latinoamericana, tan llena de planes Cruzado y de Australes, de Mahuads y Garcías (el primero). Estabilizaciones fracasadas que aumentaron por mucho el costo social de situaciones ya insoportables sobran en nuestra historia reciente.

La credibilidad, también hay que decirlo, es esquiva, difícil de obtener. La credibilidad no se gana poniéndose un lindo traje de diseñador para ir a hablarle, con un recién estrenado vocabulario business-friendly, a un auditorio en Londres lleno de gente seguramente más preocupada por la repatriación de sus capitales, que por el futuro del país. La credibilidad tampoco se trata de que alguna banca de inversión te expida un certificado de buena conducta. La credibilidad, además, tampoco es cuestión de reunir a un grupete de colaboradores con buenas credenciales académicas, y meterse a planificar a puerta cerrada lo que debería ser un ejercicio transparente de formación de consensos políticos y sociales. Claro, ser creíble tiene un poco de todo eso. Pero es mucho más que eso.

Porque ser creíble, y esto es lo central del argumento, es la única posibilidad que tienen las autoridades de mantener ancladas las expectativas futuras de los agentes económicos, y hacer que empiecen a tomar decisiones con respecto al futuro y no al pasado. Ser creíble implicaría dotar a la economía de un ancla nominal para los precios. Credibilidad y ancla nominal son indispensables para empezar a avanzar en la flexibilización del control de precios, tasas de interés y el levantamiento del control de cambios. Sin ancla cualquier liberación seria suicida. En resumen un paquete de medidas de ajuste y estabilización sin credibilidad, no es ni de ajuste, ni de estabilización, es tan solo más de lo mismo.


Técnicamente hablando, una economía enfrentada a unos desequilibrios macroeconómicos como los que observamos, necesita producir un cambio abrupto en el tipo de cambio REAL, tanto para completar el ajuste externo, como para licuar las presiones fiscales. Es decir, la economía necesita un cambio permanente en los precios relativos de bienes transables y no transables. Este cambio de precios favorece al sector público por ser superavitario en ingresos externos. 

Los que piensan que una devaluación suficientemente grande puede restaurar los equilibrios económicos en Venezuela, suponen que esta medida puede realinear el tipo de cambio real acercándolo a su nivel de equilibrio. Pero para que ello ocurra es necesario suponer que la devaluación cierra la brecha fiscal, que tiene bajo/nulo efecto pass-through sobre los precios, y que el nuevo régimen monetario/cambiario será creíble.  Todos los anteriores son supuestos en extremo discutibles.

La pregunta que uno se hace hoy es: ¿puede una devaluación producir una depreciación real de la magnitud necesaria restablecer el equilibrio externo/interno de la economía? Debe decirse, en primer lugar, que la devaluación ha perdido efectividad como mecanismo de generación de ingresos fiscales dado los pesados compromisos del sector público en importaciones y deuda. Una devaluación que cierre la brecha fiscal en ese contexto, debe ser tan grande que luce inviable, o debe ir acompañada de recortes de gasto público que lucen improbables. Es cierto que cualquier ajuste parcial podría aliviar temporalmente las presiones de caja de PDVSA, puede ayudarnos a cerrar el año, puede correr la arruga, pero ciertamente no nos ayudará a restablecer los equilibrios macro. Peor aún, una devaluación parcial, enmarcada en un plan no creíble, en un contexto altamente inestable con condiciones pre-hiperinflacionarias, con la recaudación fiscal interna en declive por la recesión, con las otras fuentes de financiamiento cerradas, no evitaría que el banco central siga imprimiendo dinero inorgánico para financiar el déficit fiscal y podría colocarnos en una trayectoria aún más inestable que en la que estamos hoy. Podría acercarnos más a la hiperinflación.


Qué una nueva devaluación es inevitable, es cierto. Qué el ajuste ocurrirá más temprano que tarde, es muy probable. Pero qué una devaluación en el actual contexto es medida estabilizadora y significa la restauración de los perdidos equilibrios macro de nuestro maltrecho país, es sencillamente falso. Para ello hace falta más, mucho más.    
   
La economía es como un río crecido que siempre –siempre– reclama su cauce. En mi opinión, la unificación cambiaria no es un programa, y aunque pueda relajar temporalmente la restricción de caja del sector público, no nos acerca a una situación de estabilidad macroeconómica. Solo un cambio comprehensivo de políticas, instrumentos y  responsables, puede tener la credibilidad suficiente para romper el ciclo de inestabilidad. Hay que advertir que en el contexto actual, esas condiciones difícilmente se darán, y un ajuste incompleto y no creíble nos hará enfrentar reales riesgos de más inestabilidad. Cuándo se trata de la economía, no siempre hacer algo en la dirección correcta es mejor que no hacerlo. 

6 comentarios:

  1. Enhorabuena por haber retomado el blog de nuevo. Yo me paso semanalmente por aquí, muchas veces en vano, para leer tu opinión acerca de nuestra tragedia diaria, y por eso ahora me alegro de ver un nuevo post.

    Dos preguntas:
    1- Entiendo que un programa de ajuste son una colección de medidas que actúan con sinergia entre ellas, donde cada una refuerza la eficacia de todas las demás, y que por eso no deberíamos tener demasiada confianza en los resultados de cualquier programa de ajuste llevado adelante por esta "administración". En ese sentido no sé a que te refieres cuando dices: Ser creíble implicaría dotar a la economía de un ancla nominal para los precios...
    2- Si es verdad -y yo estoy seguro de que es así- que vamos en un autobús sin frenos, por un callejón sin salida, de noche y sin luces, todos sabemos que nos vamos a estrellar, pero ninguno de nosotros sabe cuándo... Si la actual política de correr la arruga, no tomar medidas, o lo que es peor, tomar medidas contraproducentes sigue igual, ¿cuanto tiempo tenemos por delante -cetersis paribus- antes de estrellarnos, antes de que haya un cambio cualitativo de la situación, antes de que entremos a otro escenario distinto?

    Gracias mil de verdad por tomarte el tiempo. Un abrazo

    Eduardo

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    1. Haz como yo, si acostumbras a revisar distintas paginas, aprende usar sus Feeds RSS, y las puedes leer todas en un solo lugar en vez de revisar una por una, en mi caso uso feedly

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    2. Gracias por el comentario. El concepto de ancla nominal se refiere a la capacidad que tendrían las autoridades para guiar las expectativas con la nueva política, por ejemplo, si tu dices que vas a implementar un tipo de cambio con mini-devaluaciones diarias y ese anuncio es creíble (porque tu política fiscal y monetaria son consistentes con eso), entonces los agentes empiezan a pensar en que la inflación depende del nuevo régimen. Luego la nueva política "ancla" las expectativas.
      Sobre la dinámica de este proceso de deterioro, nadie sabe con certeza. Solo se sabe que estas cosas son altamente no lineales.

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  2. Mis felicitaciones por su blog. Desde el punto de vista económico Venezuela es un país fascinante e intento leer en internet todo lo que puedo al respecto. Me ha gustado mucho en particular su artículo sobre la crisis bancaria del banco latino y sus posibles paralelismos con la situación actual.

    Que los coches de segunda mano o usados (soy español y no sé como le dicen ustedes allí) sean más caros que uno nuevo, que el aceite para carros sea difícil de encontrar en un país petrolero, que se intente imponer un modelo económico que ya fracasó en decenas de países... le da a todo un punto de irrealidad, una sensación de esto-no-puede-estar-ocurriendo (pero lo hace) que me atrae mucho. Trabajos solitarios como el suyo escribiendo aquí ayudan a su manera a entenderlo un poco mejor.

    Aquí en España, según las encuestas, un par de antiguos chavistas (uno de ellos por ejemplo trabajó como asesor de Chávez varios años) ahora en apariencia reconvertidos en políticos sin ideologia que promueven la justicia social fundaron un partido (podemos.info) que ha capitalizado el descontento social en muy pocos meses y figura en las encuestas como tercera fuerza política, casi al mismo nivel que la segunda. No quiero ni pensar lo que ocurriría si llegan al poder pero hoy en la prensa una persona lo explica claramente

    «... hay que conocer la naturaleza del ser humano», explica Ignacio Zubiri, catedrático de la Universidad del País Vasco. «No es un problema ideológico. No es porque seamos casta [así llama podemos a los políticos], es que el ser humano funciona por incentivos, y el programa de Podemos, con la renta obligatoria, el salario máximo o las nacionalizaciones, acaba con los incentivos y con los mecanismos de fijación de precios. Su propuesta no es compatible con la economía de mercado»

    Creo que esto es válido igualmente para Venezuela. La naturaleza del ser humano se deja a un lado con el chavismo y luego pasa lo que está pasando

    Nada más. Muchas gracias de nuevo y mucho ánimo

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    1. Gracias por el comentario y por leer el blog. Bien dice usted que la economía no es un problema de intenciones, sino de incentivos. Saludos y suerte.

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  3. (por si alguien tiene curiosidad y quiere ver las posibles conexiones entre el chavismo y el partido con más proyección actualmentge en España aquí les dejo este video https://www.youtube.com/watch?v=Q3QeQJjqNBs en el que aparece su número dos, Juan Carlos Monedero. Habla por sí solo sobre lo que está por venir si no cambian las tendencias de las encuestas )

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